A la hora pico nadie contesta el WhatsApp. Jemba responde el menú, aparta la mesa, confirma si entregas en esa colonia y deja el pedido anotado — a cualquier hora.
No reemplaza a tu equipo. Le quita lo repetitivo para que atiendan a quien ya está listo para pedir.
Platillos, dirección y forma de pago. Lo deja registrado para que tu cocina lo procese.
Día, hora y personas, aplicando tu política de reservación tal cual.
Los que tú cargaste. Si no lo manejas, ofrece lo más parecido.
No promete una orden a las 9:50 si la cocina paró a las 9:30.
Si queda fuera, ofrece para llevar y salva el pedido.
Le escribe al que preguntó y no volvió, en el tono del negocio.
Cada pedido y cada reservación llega ordenado al panel — no como una conversación que alguien tiene que leer completa.
Y si tienes una que no está aquí, la vemos en la llamada.
No. Trabajamos con el número que tus clientes ya tienen guardado y con las cuentas de Instagram y Facebook del negocio. Nadie tiene que volver a guardar un contacto.
Las dos cosas. Pide día, hora, número de personas y nombre, aplica tu política de reservaciones y la deja registrada. La confirmación final siempre la da el restaurante, no el asistente.
Si tu información cubre el ingrediente, responde. Si no lo cubre con certeza, no adivina: avisa que lo confirma con cocina y te pasa la conversación. Es la única categoría donde preferimos que se frene siempre.
Actualizas tu menú desde el panel —o nos avisas— y en cuanto se guarda, el asistente deja de ofrecerlo. Mientras tanto, si alguien lo pide, no promete existencias: avisa que lo confirma con cocina.
De base, no: toma el pedido, confirma la dirección y pregunta cómo va a pagar tu cliente; el cobro lo hace tu negocio. Si lo necesitas, se puede agregar como complemento el envío de links de cobro por WhatsApp con tu propia pasarela, y el dinero nunca toca una cuenta nuestra.
Cuéntanos cómo atiendes hoy y te decimos con honestidad si esto te sirve. Sin costo y sin compromiso.